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Primera visita de Fidel Castro a Guantánamo en la memoria de Cuchita Borges

Por: José Llamos Camejo

Cuchita BorgesGuantánamo, 4 feb.- Había sol intenso aquel 3 de febrero del 1959, eran exactamente las 3 y 25 minutos de la tarde, cuando el Presidente Fidel Castro a bordo de un auto, irrumpió en el centro de la ciudad de Guantánamo, aclamado por una multitud enardecida que aguardaba por el encuentro y allí estaba Cuchita Borges.

 “No he vivido impresión más intensa, a Fidel le brotaba un fino   sudor cuyas gotas lucían como perlas adornando aquella frente y aquel rostro rosado, en fuerte contraste con la barba negra y el verde olivo del traje de Comandante”, afirma 51 años después.

La hoy octogenaria Cuchita recuerda con lucidez que acudió al encuentro llevando de la mano a su pequeña Zelma, de 9 años de edad, a quien se le había encomendado entregarle un ramo de flores a Celia Sánchez Manduley.

En los hombros de un combatiente se abrió paso la niña en busca de Celia…pero escuchó una voz que decía:  “No, ella no pudo venir, la que vino fue Teresita”. El que hablaba era Fidel, refiriéndose a la que era su secretaria.

Entonces vino la sorpresa mayor, comenta Zelma: “Él me besó en la frente y dijo que me dejaran hacer el recorrido con él mientras mi mamá le expresaba que me cuidara, que yo era lo único que tenía. Fidel le respondió que no se preocupara y agregó que con mujeres como ellas cualquier pueblo se libera.   –Entonces todos empezaron a aplaudir y a gritar, ¡Viva Fidel!, ¡Viva la Revolución!-

“La caravana inició el periplo que fue corto pero lento, porque la gente entusiasmada, casi no la dejaba avanzar, “había público en las calles, en las aceras, en los balcones de las casas y hasta en lo alto de un poste de teléfono, todos   querían ver y saludar a su líder; en cada rostro y en cada mirada de aquellas, se advertía una gran esperanza”, relata Zelma.

Fidel le sugirió que se aguantara de su canana, “imagínate, yo ni siquiera sabía que cosa era una canana, él me  indicó con la mano y me decía “saluda, saluda al pueblo mira, así como yo”...

Pero la niña no apartaba sus ojos de la figura del Comandante “no conseguía mirar a otro lado, aquel hombre me parecía algo angelical, místico, sobrenatural, fuera de lo común; aquella tarde Fidel anidó en mi recuerdo”.

 

“Llegamos al Instituto de Economía, Fidel descendió del auto y escaló a una tribuna, tenía delante un mar agitado de pueblo, cuando terminó el discurso descendió y no pude despedirme de él, sin embargo jamás su figura, ni su bondad, ni sus enseñanzas se han apartado de mí, es mi paradigma”. 

Zelma Carvajal conserva testimonio gráfico de aquella tarde en que, sin proponérselo, se convirtió en singular testigo de un acontecimiento que hizo vibrar a Guantánamo: la primera visita de Fidel, a la más oriental de las provincias cubanas.

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